Reflexionar sobre la lengua: un camino hacia la inclusión – Parte 1 1


Por Yamila Benítez

Todos nos hemos preguntado cómo debemos tratar el tema de lenguaje inclusivo en nuestras aulas. Es un tema complejo que nos invita a reflexionar sobre diferentes cuestiones de nuestra sociedad y sobre los cambios que parecen estar a la orden del día.

Para empezar a dar luz a este tema, primero debemos entender de qué hablamos cuando hablamos de lenguaje inclusivo. El lenguaje inclusivo es la lucha por usar un lenguaje más justo, menos violento, es decir, un lenguaje que no sea utilizado contra nadie como arma de exclusión y opresión en la sociedad.

Con esta definición en nuestras mentes, podemos entonces pensar en las primeras cuestiones que debemos enfrentar en nuestra enseñanza diaria. ¿Qué deberíamos hacer con el uso del nuevo vocabulario propuesto en el marco del lenguaje inclusivo? ¿Debería comenzar a utilizar el término “todes” aunque no esté aceptado por la norma su uso? ¿Cómo explicarles a nuestros estudiantes que la Real Academia Española (RAE) considera la “e” como neutral y “presidente” contiene una “e” y sin embargo aceptó la palabra “presidenta”? Sin dudas, la tarea no es simple. La RAE y la Asociación de la Lengua Española (ASALE) presentaron en uno de sus libros,  “Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica”, su postura frente al lenguaje inclusivo y en su primer capítulo podemos ver el rechazo a este cambio. Según esta sección, la inclusión del doble género como en el caso de “todos y todas” es innecesario ya que de acuerdo a su concepción, el género masculino funciona en nuestra lengua como término inclusivo para aludir a contextos genéricos o mixtos.

Sin embargo, como docentes, nuestra misión es ir más allá y reflexionar sobre estas cuestiones: para empezar, el lenguaje lo aprendemos desde pequeños y de esta forma,  a partir de lo que aprendemos, construimos nuestra realidad. Por ende, damos nombre a nuestra realidad a partir de un lenguaje ya establecido, lenguaje que muy pocas veces cuestionamos o simplemente damos por sentado. Pero, ¿qué sucede con aquello que no tiene un nombre? Lo que no se nombra, parece no tener entidad. Por lo tanto, el lenguaje parece tener un rol fundamental y no podemos dejar de pensar que su cambio sea inevitable para construir una nueva sociedad.

Repensar la forma en la que hablamos es necesario. Quizá aún falte tiempo para que muchas cuestiones estén normativizadas y puedan explicarse en el marco de una gramática formal. Sin embargo, es nuestro deber como educadores seguir construyendo una nueva realidad y no mirar hacia un costado cuando se trata de elaborar un lenguaje más inclusivo.


 

 

Referencias:


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